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¡Namaskar! Eres el yogui / la yoguini que nos visita número:

septiembre 17, 2016

De por qué el yoga nos salva continuamente

En alguna ocasión recuerdo haber comentado que la práctica del yoga me ha salvado. Hoy lo ratifico. La Ciudad de México es un entorno poco amable donde los traslados son caóticos por el incremento del parque vehicular y la insuficiencia de los medios de transporte público. 

Si alguien que esté leyendo este blog no ha estado en esta urbe, para que se de una idea, se encontrará con un hábitat donde viven de fijo casi 9 millones de habitantes con una población flotante de 2 millones de personas que viajan para estudiar y/o trabajar. 

A esto, sumamos ambientes laborales altamente competitivos que generan estrés y agotamiento mental. Según estudios, el promedio de traslado para llegar a su centro de estudio o de trabajo, es de una hora 20 minutos. Quiero citar un día tipico de mi jornada laboral. Salgo a las 8:45 de la mañana y, si todo salé bien, llegaré a las 9:40. Si existe algún accidente o cualquier reparación en las vialidades, es probable que arribe a las 10 de la mañana. En la tarde, el panorama no cambia. A veces, procuro salir tarde para esperar a que el tráfico haya disminuido pero en un ciudad con 5 millones de vehículos, es muy complejos. Un día quise salirme a las 19:30 horas de la oficina para llegar a la casa a las 20:30 y practicar. El trayecto tomó una hora 48 minutos. Llegué cansado, agotado y tenso. No tenía fuerza para una práctica de Vinyasa así que opté por una práctica restaurativa. La mente se calmó, la tensión se alejó y puedo irme a descansar y dormir contento. Esto me recordó que el yoga no son formas externas sino un camino para transitar en esta experiencia humana con una mente en calma, un cuerpo sano y un corazón compasivo.

Esto me llevó a recordar que hoy por hoy, necesitamos valorar el yoga como una filosofía de vida que nos permita sortear todos los desafías de la vida cotidiana. Se necesita una mente en calma para tomar mejores decisiones. Los beneficios de practicar yoga no solo se perciben a nivel individual si no que contribuyen a la sociedad en general. Si practicas yoga y no puedes hacer un parado de cabeza, completar la primera serie de ashtanga yoga o cualquier otra postura que parezca un desafío, ¡sigue practicando! Quizás en esta vida no la domines, quizás sí la logres. Eso no lo puedo asegurar. De lo que si estoy seguro es que los beneficios se verán en la mente, en un estado físico emocional más equilibrado. Así que keep trying!!!!

enero 17, 2016

De los hábitos, la resistencia al cambio y el yoga

Conforme vamos creciendo, nuestros hábitos y la manera en que nos explicamos el mundo tienden a convertirse en verdades absolutas. Nos cerramos ante la posibilidad de abrirnos a experiencias y conocimientos nuevos. Nos volvemos rígidos de pensamiento y poco tolerantes ante escenarios que son desconocidos para nosotros.
            En mi opinión personal, una de las grandes enseñanzas del yoga es aprender a trabajar con nuestros hábitos para abrirnos a nuevas posibilidades de percepción que nos ayuden a llevar una vida más placentera.
            Swami Chinmayananda, en su  introducción a la Bhagavad Guita, explica la importancia de entender cómo nuestros hábitos son un reflejo de nuestro estado mental.
Chinmayananda señala que en sánscrito existen dos vocablos para referirse a la mente: manas que es la mente objetiva, aquella que recibe los estímulos a través de los sentidos del oído, el tacto, la vista, el gusto y el olfato. Y luego, Buddhi o mente subjetiva, que interpreta los estímulos externos y los traduce en actos a través de los órganos de acción: el habla, el movimiento a través de las piernas, la destreza manual, la reproducción y la excreción. Y destaca: “la separación entre los aspectos objetivos y subjetivos de la mente están determinados por las capas de deseos egoístas en el individuo. Entre más grande sea la distancia entre estos dos aspectos de la mente, más grande será la confusión interna”.  Y esta distancia está determinada por la construcción previa que nos hemos hecho del mundo a partir de nuestras vivencias en el pasado. Una experiencia agradable o desagradable de nuestro pasado deja una impresión en la mente subjetiva y ésta es la que determinará la interpretación de los estímulos externos que recibimos continuamente. La confusión radica en que estas interpretaciones subjetivas las asumimos como realidades absolutas y comenzamos a reaccionar sin tener un proceso consciente de acción.
            ¿Cómo generar una mayor conexión entre manas y buddhi? La clave está en la posibilidad de serenar la mente a través de la meditación y el yoga. Recuerdo la enseñanza de un maestro que, al instruir a sus alumnos en el arte del hatha yoga comentaba: “conforme nuestro cuerpo se hace más flexible, también nuestras actitudes lo hacen”.
            El cuerpo reacciona a nuestros estados mentales. Las posturas de hatha yoga nos ofrecen la posibilidad de experimentar situaciones nuevas que nos sacan de nuestros estados habituales de acción.  Y aquí la meta no es llegar a ejecutar determinada ãsana o postura  sino lo que aprendemos en el camino.
Imagina que estás en el proceso de llegar a pincha mayurãsana ¿Qué sensaciones percibes? ¿Miedo, ansiedad, apego, felicidad, gratitud? ¿Eres consciente de que una postura, por más bella que sea, solo dura un par de respiraciones? ¿Descubriste que tu cuerpo, al igual que lo que ocurre en el universo, es un conjunto de infinitas posibilidades?
La práctica de las ãsanas en el yoga fortalece el cuerpo y disminuye la ansiedad, entre otros beneficios. Un cuerpo fuerte y sereno es campo fértil para la mente meditativa.  Al meditar, nos volvemos testigos de nuestros estados perturbados por emociones negativas y nos damos cuenta que son temporales también. La meditación acorta el espacio entre la mente objetiva, manas, y la mente subjetiva, budhi. Meditar te permite asentarte en el momento presente y comenzar a actuar de manera consciente. Actúas, no reaccionas. La acción consciente es una característica de un yogui sereno.
Así pues, no queda otro camino que la práctica constante. No siempre es sencillo porque las emociones perturbadas nos desmotivan a meditar y ejecutar nuestra práctica de yoga. En su libro Conócete a ti mismo, tal y como realmente eres, el Dalai Lama explicaba que uno de los grandes desafíos que el practicante debe enfrentar es la pereza. Y no se refería simplemente a quedarse en cama dormido 20 minutos más. Comentaba que es la pereza de no actuar desde una mente consciente. Es más fácil reaccionar de manera intuitiva que realmente acceder a un proceso de consciencia del momento presente.
En mi caso, he decidido reforzar mi compromiso con mi práctica meditativa. Así, aunque tenga que madrugar, lo primero que hago en las mañanas es meditar. Y mi mente, creo, lo está agradeciendo.

Namasté

Twitter @omyogahoy


enero 03, 2016

De la mente enfocada, las emociones y el yoga


En India hay muchas celebraciones a lo largo del año que permiten a las personas honrar y recordar a la divinidad. La cantidad de dioses y diosas que conforman la mitología hindú es asombrosa. Sin embargo, no debemos irnos con la primera impresión. Ya lo decía Adriana de la Torre Fernández, autora del libro Entre maestros, dioses y demonios, un texto maravilloso para adentrarnos en la filosofía de la India y cito: “Se habla del hinduismo como una religión politeísta, y a nivel de la práctica diaria y ritual de la mayoría de la gente, podría considerarse así, sin embargo, para los eruditos de la India, el hinduismo es una religión monoteísta en la que Dios tiene muchas caras, muchos atributos y muchos nombres…”
Entonces, ¿por qué complicarse y honrar distintos aspectos de un mismo Dios? ¿Por qué tantas celebraciones si en el fondo se reconoce la existencia de una divinidad única?
            Yo he reflexionado y creo que una de las razones se centra en tener un continuo recordatorio de los propósitos de una vida plena. En mi casa, tengo una murti o estatua de Ganesh en mi comedor y una pequeña puja o altar con imágenes de mis maestros colocada, estratégicamente, en la cocina. ¿Quién no pasa por ahí más de una vez al día?
       
     Así, cuando desayuno por las mañanas o ceno en las noches, ahí están las imágenes de los maestros cuyas enseñanzas han sido un pilar importante para explicarme el mundo.
            ¿Y por qué es importante tener presente estos recordatorios? Contemplo y caigo en la conclusión de que el trajín diario nos hace actuar a partir de nuestros hábitos, casi en piloto automático. Piensa por un momento, ¿en realidad eres consciente del camino que debes tomar a tu trabajo todos los días? Lo tenemos tan aprendido que nuestro mente actúa por instinto. O prendemos el Waze y mucho peor, dejamos que una aplicación haga todo el trabajo, en aras de salvar tiempo. Y éste es solo un ejemplo pero estoy seguro que muchas de las actividades que realizamos de manera cotidiana están tan aprendidas que ya no reflexionamos sobre el momento presente.
            Y quizás te preguntes: “Pero si actuar de manera habitual, sin reflexión, me hace un ser funcional, ¿por qué tendría que tener un proceso más profundo de atención consciente?
            Swami Chinmayanda escribió un comentario sobre la Bhagavad Guita. Es un libro un poco difícil de conseguir pero es un verdadero tesoro. Él dice que: “La mente es el hombre (Mind is man). Como es la mente, es el individuo. Si la mente está perturbada, el individuo estará perturbado. Si la mente es buena, el individuo será bueno.” Por eso es muy importante estar consciente de la mente. Los budistas la consideran el regalo más grande. Y si nosotros no somos conscientes de la mente, no podremos apreciar sus agitaciones. La gente vive en estados de ira y enojo continuo que son provocados cuando sus acciones habituales son modificadas. Una persona cuya mente esté enfocada en el presente, no divaga ni se angustia. Dedica la energía precisa a la acción del momento. Y no digo que evadas el ser previsor pero si estás manejando no dirijas tu atención a los pendientes laborales. Cuando estés en la oficina, enfoca la mente en tu trabajo y no comiences a especular sí habrá tráfico o no al terminar la jornada.
La mente humana tiene un potencial creativo infinito. Piensa por un momento en todo lo que la humanidad ha creado a partir de una idea. No menosprecies el poder de la mente. Es decir, dedica la energía de tus pensamientos en el momento oportuno. Ni antes ni después.
La manera más efectiva de hacer esto es a partir de cultivar una mente creativa, luminosa y en calma. Y el camino es la meditación. Meditar es para la mente lo que la ducha para el cuerpo. Al meditar te vuelves consciente de los procesos cognitivos y de percepción.  Te conviertes en el testigo de tu propia mente. Entrénate en el arte de enfocar la mente. De hecho,  esto es yoga. El sabio Patañjali inicia su disertación sobre la práctica con el aforismo 1.2 Yogascittavrittinirodhah: “El yoga es la habilidad para dirigir la mente exclusivamente hacia un objeto y mantener esa dirección sin desviarse”.
¡Qué este periodo que inicia lo vivamos en atención plena! ¡Qué siempre nos recordamos qué es realmente lo importante! ¡Qué recordemos que la mente es nuestro tesoro más preciado!
Namasté

Daniel Mesino (Dan Sam) es maestro e instructor de yoga además de ser editor de libros. Su twitter es @omyogahoy


octubre 11, 2015

De quiénes somos y la práctica del yoga

En la semana estuve contemplando una enseñanza de mi maestro, Swami Nityananda. En esta plática hablaba del concepto de máscaras. Si quieres escuchar la plática completa, puedes dar click aquí. En esta charla, mi maestro explicaba que todos nosotros estamos interpretando una serie de roles que nos permiten cumplir con nuestro dharma o misión en el mundo. Él ejemplificaba que algunos utilizamos la máscara del león, otros de un elefante, una serpiente o un perro y así logramos sobrevivir ante las amenazas del entorno. 
   Es decir, algunas veces podemos interpretar el papel del empleado, otras veces del padre de familia, del amigo, del hijo, del emprendedor, del ama de casa, etc. Y nos caracterizamos para interpretar de la mejor manera nuestro rol. Incluso, comentaba mi maestro, muchas veces nos poníamos en el papel de ser espiritual o de yoguis ¡y nos volvemos tan serios y rígidos con nuestra práctica espiritual!                         
Y ahí está el dilema: nos creemos tanto nuestro papel que nos olvidamos de quiénes somos en realidad.
   Swami Muktananda, en su libro ¿A dónde vas? habla de la naturaleza del Ser y explica: "Aunque no tiene atributos, los sabios han descrito su naturaleza como sat chit ananda": existencia, conciencia y dicha. Es decir, el Ser existe, es real. Y es consciente de que existe y se manifiesta como dicha o contentamiento. Las prácticas de yoga nos permiten reconocer la naturaleza de Sat chit ananda en nuestras vidas, de conectar con el gran espíritu. Es el anhelo también de muchas tradiciones espirituales. Cuando la mente detiene su parloteo constante y logra establecerse en la quietud del momento presente, experimentamos esa sensación de dicha, paz y plenitud.
    La meditación es el camino ideal para lograr esta conexión. Sin embargo, muchas veces la tensión que acumulamos en el cuerpo, nos impide sentarnos a meditar así que es necesario trabajar con las āsanas del hatha yoga. A mí me ha pasado que durante mi práctica, experimento una sensación de alegría y contentamiento al ejecutar ciertas posturas. 

    Otra manera de hacerlo, es la poderosa experiencia del kirtan, o canto devocional. Mi amiga, Nityeshwari Bordoy lo explica con mucha claridad: "Es el canto como práctica yóguica, ya que requiere de una postura correcta (āsana), e involucra la respiración (pranayama), la concentración (dharana), y la devoción o sentimiento. Es el camino más corto hacia la meditación espontánea. Muchos son sus beneficios. En primer lugar, destaca la apertura del corazón, donde radica la fuerza e inteligencia del individuo. También nos alinea con los ritmos y sonidos internos, nos sensibiliza respecto al universo que nos rodea. Grandes maestros como Neem Karoli Baba y Swami Nityananda recomiendan el kirtan para el progreso espiritual". 
     Y hace poco, estuvo aquí en México Jai Uttal, un músico americano que, junto con su banda de músicos, guía la práctica del canto devocional con arreglos contemporáneos a los cantos tradicionales de la India. El resultado es una fuerza que contagia y enaltece. Ahí comprendí el significado de ir más allá de los roles que nos toca interpretar en el mundo y simplemente ser. Cuando vivimos desde esta consciencia, ampliamos nuestra concepción del mundo. Entendemos que lo que creíamos que era importante, quizás no lo sea tanto. Muchas veces nos volvemos rígidos, nos tomamos demasiado en serio, pensamos que la vida es nuestro trabajo, nuestra pareja, nuestros hijos, nuestra posición y creemos que todo lo controlamos. Nos cuesta trabajo soltar y dejar que la vida fluya. Cuando vivimos desde la consciencia del testigo que mira con ecuanimidad cómo las cosas externas son como son, entonces nos sentimos más libres. Esa es la libertad de la que habla el yoga. 
      Yo me siento contento de poder hacer una pausa de mis actividades cotidianas, de encontrarme con mis maestros y compañeros de sangha que me ayudan a recordarme que hay una dicha que existe y que es real. Ayer, después de salir del concierto, escribí esto:

Acabo de regresar del kirtan con Jai Uttal. Fue una gran celebración. Pura bhakti. La sensación de dicha y contentamiento después de haber bailado y cantado por casi tres horas es que no importa si eres ashtangui o clavado en la metodología Iyengar, si tu camino es shamanico o te gusta el Power Yoga, si utilizas un turbante o un sari, si practicas anusara o estás en la escuela de Jivamukti Yoga. Esta noche estábamos ahí, todos, algunos llegamos solos y otros en grupo pero nos encontramos como una gran familia para dejar de identificarnos con el rol que desempeñamos en el mundo y simplemente ser. Somos una gran tribu, un clan, una familia. 

¡Qué todos seamos felices!

















Aquí mi amiga y maestra de Yoga, Paty Barragán con Jai Uttal.

julio 30, 2015

Del maestro, la luna llena del Guru y la celebración de Gurupúrnima

Algunas personas me han preguntado por qué a los hindúes les gusta tener imágenes de sus deidades y sus maestros por todos los rincones de la casa. Yo no he sido la excepción y tengo una puya en mi apartamento así como una murti de Ganesh y varias fotografías de mis maestros.

La razón es simple: son un recordatorio constante de nuestra verdadera naturaleza. Así cuando cocino, ahí están las fotos de los maestros cuyas enseñanzas me recuerdan lo afortunados que somos por tener salud y alimentos en la casa. En la mesa, hay una murti de Ganesh. Tengo empatía hacia lo que él representa: es el patrono de las artes, las ciencias, el intelecto, la sabiduría y ayuda a remover los obstáculos en el camino. 

De la misma manera, en la tradición de la práctica del yoga, el maestro tiene un lugar muy especial. Es un recordatorio constante de aquello que queremos alcanzar. Los sabios nos dicen que el yoga solo se puede aprender de un maestro a través de la experiencia. Los maestros verdaderos son aquellos que dedican su vida, no solo a la enseñanza, sino también a la indagación de su propia experiencia para poder compartirla después.



Un aspecto importante que el practicante debe tener siempre presente es que tanto las imágenes como los maestros son recordatorios externos que nos deben invitar a conectar con nuestro propio Guru interno. 

Literalmente, la palabra guru está conformada por las sílabas gu: oscuridad y ru: luz. Así pues, el guru es aquel que lleva a sus discípulos de la oscuridad de la ignorancia a la luz del conocimiento, de la esclavitud a la liberación. Por eso se utiliza esta palabra para designar al maestro. Es tan importante este vínculo entre maestro y discípulo que en la India, una de las celebraciones más representativas del hinduísimo, es Gurupúrnima, la noche del Guru

La palabra sánscrita pūrṇimā refiere a la noche o el día de luna llena y deriva del vocablo pūrṇa que significa ‘lleno’ o ‘completo’. GuruPurnima es un día del año en que los aspirantes espirituales y los devotos de maestros espirituales recuerdan la bondad, la compasión y el servicio que los maestros han dado al mundo y la gracia que aún están concediendo. Los maestros espirituales provienen de todas las religiones y de una variedad de países y entornos culturales, y no obstante su meta es la misma: elevar y guiar espiritualmente a los seres humanos y aliviarles de sus sufrimientos en este mundo.


El Guru externo siempre está ahí para recordarte eso que tu sabes que es necesario alcanzar en esta experiencia humana. Nuestros primeros gurus son los padres. Ya sea biológicos o por causalidad, ellos nos cuidaron y nos criaron incondicionalmente porque estaban seguros que teníamos una misión que cumplir en el mundo. Y luego, a lo largo de la vida, tendrás la buena fortuna de encontrarte con maestros increíbles. No importan si son famosos y tienen miles de discípulos o tiene un shala pequeño en una pueblo de la India. Si somos afortunados, hemos practicado el discernimiento correcto y estamos receptivos, las enseñanzas y el maestro estarán ahí para nosotros.
La celebración de Gurupúrnima, según el calendario védico, cae este 2015 el 31 de julio. Hay muchas maneras de unirse a la celebración pero lo más importante es recordar y honrar a todos los maestros que han dejado una huella y que te han permitido recordar qué es realmente lo importante. Esta relación se puede apreciar en un canto de 182 versos que se recita todas las mañanas en muchos áshrams alrededor del mundo. Es la Guru Guita y lo puedes escuchar dando click aquí. 

¡Qué la noche de Guru Púrnima esté llena de bendiciones!

¡Qué nunca haya enemistad entre maestro y discípulo!

¡Qué siempre podamos recordar lo que es verdaderamente importante!




GLOSARIO:

ashram: residencia comunitaria donde se practica la disciplina espiritual; la morada de un santo o de un hombre venerable. 

murti: suele referirse al icono, retrato, pintura o escultura en el que se manifiesta (murta) alguna deidad. 

puja: rito de adoración; altar. 

shala: significa "casa" en sánscrito y se utiliza entre la comunidad de practicantes de ashtanga yoga para honrar el lugar dónde se realiza la práctica.