enero 15, 2017

Del yoga, el destino y nuestras decisiones

Hace poco tuve la oportunidad de ver una película cuya manufactura es simplemente brillante. Se trata de Animales nocturnos (E.U., 2016) dirigada por el cineasta y diseñador Tom Ford con las actuaciones de Amy Adams, Jake Gyllenhaal y Michael Shannon, entre otros.
            Es una perturbadora historia de suspenso no recomendada para menores de 16 años. La trama gira en torno a la galerista Susan Morrow (Amy Adams). Su trabajo en Los Ángeles le ha traido gran éxito y reconocimiento lo que le permite gozar de una vida privilegiada.
            Durante un fin de semana, su marido sale a Nueva York y ella recibe un paquete. Se trata del manuscrito que su ex marido, un escritor, ha terminado. La trama es impactante y atrapa de tal manera a Sharon que comienza a cuestionar su vida. A partir de ese momento, somos testigos de dos historias que se desarrollan en paralelo. Por un lado, está la novela y por otro, sus dudas existenciales al darse cuenta de que ha desperdiciado su vida hasta llegar a un estado de infelicidad y depresión.
           
Al terminar la película, me pregunté en qué momento nuestras decisiones nos impiden ver con claridad qué nos daña y nos aleja de una existencia pacífica y de ecuanimidad.

Me llamo la atención una escena: durante una cena elegante, llena de celebridades, una de sus amigas le pregunta si ya había visto al especialista que le había recomendado para resolver sus problemas de insomnio y depresión. Y ella responde que no ha tenido tiempo pero que tampoco sentía que tenía el derecho de sentirse “infeliz” pues lo tenía todo.
            Sin ahondar en detalles sobre el final, la protagonista se da cuenta, demasiado tarde, que había dejado atrás las cosas que la hacían realmente feliz.
Así pues, no puedo más que pensar en las enseñanzas del Vedanta. En el Vivekachoodamani, Sankara destaca el valor de un nacimiento humano. Son muchas las circunstancias que nos permitieron llegar hasta este momento. Desde nuestros padres, los doctores que atendieron el parto y luego, las personas que nos cuidadoron y velaron por nuestro bienestar. Por eso, tener un nacimiento humano es uno de las primeras señales de que somos afortunados.

            Luego, si albergamos un anhelo genuino por la liberación, es decir, por desarrollar una conciencia plena para entender que nuestras acciones traen consecuencias y que éstas determinan muchas de nuestras circunstancias, entonces podemos asegurar que somos doblemente afortunados.
            Y finalmente, si a estas dos circunstancias, añadimos la capacidad para entender y asimilar las enseñanzas de un maestro de sabiduría, entonces tenemos una oportunidad que no podemos perder.

            El Vedanta señala que estas tres situaciones se dan como el resultado de haber acumulado varias vidas de mérito y buenas acciones. Entonces ¿por qué desperdiciar esta vida humana?
            Más adelante, el mismo Sankara explica que el hombre desaprovecha esta oportunidad porque vive atrapado en el samsara, es decir, en el ciclo de nacimiento y muerte en el  mundo. Un ser así considera que es víctima de las circunstancias y no cuestiona su realidad que está en constante cambio. Considera que la felicidad radica en acumular posesiones, relaciones, en obtener reconocimiento y considera que éstos siempre estarán ahí. Pero se olvida de que el mundo va más allá de estas fluctuaciones de la mente que solo desea, desea y desea más. Y esta manera de conducirte solo traerá más sufrimiento a la vida. Por eso, Swami Chinmayananda es directo y ahonda en el Vivekachoodamani lo que Sankara destaca con el siguiente comentario: “No hay ser más tonto que aquel que siendo bendecido por un nacimiento humano y las capacidades mentales e intelectuales, no las destine a un propósito más elevado: el de la autorealización y  el autodescubrimiento”.

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            Así que, después de ver esta película de Tom Ford y que me dejó reflexionando todo el fin de semana, mi intención es que siempre tenga la claridad, la valentía y el discernimiento para apreciar lo valioso de este nacimiento humano y que aproveche la oportunidad para llevar una vida más plena, con menor sufrimiento.

enero 08, 2017

Del yoga, el inicio de nuevos ciclos y la cualidad cambiante de la vida.

En el archipiélago hawaiano, una de las palabras que más se escucha es Aloha. Una maestra de yoga me comentó que se podría interpretar cómo "hola, te doy la bienvenida  y también te despido con amor". Tanto las acciones de recibir como de despedir están implícitas en esta locución. Me decía que también era importante recordar que el amor estaba presente en ambas acciones.

Al contemplar esta expresión, no pude evitar reflexionar sobre el nuevo ciclo que comienza. Muchos conocidos y amigos coincidieron en señalar que el año que acababa de culminar había tenido como constante el dolor y el sufrimiento por diversas razones. Las sensaciones de desesperanza, estrés y orfandad fueron constantes ante los cambios drásticos que estuvieron presentes a lo largo de los doce meses anteriores. 

En este contexto, soy consciente de la necesidad de llevar al mundo exterior lo aprendido en el tapete  y en el salón de yoga. La práctica continua, día a día, es el único camino para transitar ante los cambios constantes que son la única certeza que tenemos: todo está en continua transformación. La felicidad es un estado al que todos tenemos derecho. No es resultado azaroso sino fruto de nuestro propio esfuerzo. Sankara, el gran sabio que ha hecho una introducción invaluable al Vedanta en el Vivekachoodamani, afirma que tener una nacimiento humano es de gran valía. No lo desperdiciemos. 

Definitivamente, conforme vamos creciendo, el mundo que nos habíamos construido va cambiando. Las relaciones se transforman, los hijos crecen, los gobiernos adoptan posturas que no entendemos, perdemos a seres queridos, la dinámica laboral toma giros inesperados, etc. Ante este escenario, lo único que podemos hacer es acompañarnos bien, y nosotros somos nuestra mejor compañía. Patañjali en sus Yoga Sutras asegura que el sufrimiento que viene puede y debe ser evitado. Y en este sentido, las prácticas son el soporte. Sankara comenta que las prácticas primordiales para adentrarnos en una comprensión amplia de la vida son la reflexión y la meditación y señala seis características esenciales que debe cultivar un buscador:

  1. Valor
  2. Discernimiento
  3. Desapego
  4. Equilibrio
  5. Paz
  6. Gozo
Tengamos el valor para no abandonar las prácticas y el discernimiento correcto para asimilar las enseñanzas. Que abordemos el 2017 con aloha, es decir con apertura y desapego para encontrar el equilibrio que nos permita vivir en paz y con gozo.

Qué así sea el inicio de este año.

Aloha

septiembre 17, 2016

De por qué el yoga nos salva continuamente

En alguna ocasión recuerdo haber comentado que la práctica del yoga me ha salvado. Hoy lo ratifico. La Ciudad de México es un entorno poco amable donde los traslados son caóticos por el incremento del parque vehicular y la insuficiencia de los medios de transporte público. 

Si alguien que esté leyendo este blog no ha estado en esta urbe, para que se de una idea, se encontrará con un hábitat donde viven de fijo casi 9 millones de habitantes con una población flotante de 2 millones de personas que viajan para estudiar y/o trabajar. 

A esto, sumamos ambientes laborales altamente competitivos que generan estrés y agotamiento mental. Según estudios, el promedio de traslado para llegar a su centro de estudio o de trabajo, es de una hora 20 minutos. Quiero citar un día tipico de mi jornada laboral. Salgo a las 8:45 de la mañana y, si todo salé bien, llegaré a las 9:40. Si existe algún accidente o cualquier reparación en las vialidades, es probable que arribe a las 10 de la mañana. En la tarde, el panorama no cambia. A veces, procuro salir tarde para esperar a que el tráfico haya disminuido pero en un ciudad con 5 millones de vehículos, es muy complejos. Un día quise salirme a las 19:30 horas de la oficina para llegar a la casa a las 20:30 y practicar. El trayecto tomó una hora 48 minutos. Llegué cansado, agotado y tenso. No tenía fuerza para una práctica de Vinyasa así que opté por una práctica restaurativa. La mente se calmó, la tensión se alejó y puedo irme a descansar y dormir contento. Esto me recordó que el yoga no son formas externas sino un camino para transitar en esta experiencia humana con una mente en calma, un cuerpo sano y un corazón compasivo.

Esto me llevó a recordar que hoy por hoy, necesitamos valorar el yoga como una filosofía de vida que nos permita sortear todos los desafías de la vida cotidiana. Se necesita una mente en calma para tomar mejores decisiones. Los beneficios de practicar yoga no solo se perciben a nivel individual si no que contribuyen a la sociedad en general. Si practicas yoga y no puedes hacer un parado de cabeza, completar la primera serie de ashtanga yoga o cualquier otra postura que parezca un desafío, ¡sigue practicando! Quizás en esta vida no la domines, quizás sí la logres. Eso no lo puedo asegurar. De lo que si estoy seguro es que los beneficios se verán en la mente, en un estado físico emocional más equilibrado. Así que keep trying!!!!

enero 17, 2016

De los hábitos, la resistencia al cambio y el yoga

Conforme vamos creciendo, nuestros hábitos y la manera en que nos explicamos el mundo tienden a convertirse en verdades absolutas. Nos cerramos ante la posibilidad de abrirnos a experiencias y conocimientos nuevos. Nos volvemos rígidos de pensamiento y poco tolerantes ante escenarios que son desconocidos para nosotros.
            En mi opinión personal, una de las grandes enseñanzas del yoga es aprender a trabajar con nuestros hábitos para abrirnos a nuevas posibilidades de percepción que nos ayuden a llevar una vida más placentera.
            Swami Chinmayananda, en su  introducción a la Bhagavad Guita, explica la importancia de entender cómo nuestros hábitos son un reflejo de nuestro estado mental.
Chinmayananda señala que en sánscrito existen dos vocablos para referirse a la mente: manas que es la mente objetiva, aquella que recibe los estímulos a través de los sentidos del oído, el tacto, la vista, el gusto y el olfato. Y luego, Buddhi o mente subjetiva, que interpreta los estímulos externos y los traduce en actos a través de los órganos de acción: el habla, el movimiento a través de las piernas, la destreza manual, la reproducción y la excreción. Y destaca: “la separación entre los aspectos objetivos y subjetivos de la mente están determinados por las capas de deseos egoístas en el individuo. Entre más grande sea la distancia entre estos dos aspectos de la mente, más grande será la confusión interna”.  Y esta distancia está determinada por la construcción previa que nos hemos hecho del mundo a partir de nuestras vivencias en el pasado. Una experiencia agradable o desagradable de nuestro pasado deja una impresión en la mente subjetiva y ésta es la que determinará la interpretación de los estímulos externos que recibimos continuamente. La confusión radica en que estas interpretaciones subjetivas las asumimos como realidades absolutas y comenzamos a reaccionar sin tener un proceso consciente de acción.
            ¿Cómo generar una mayor conexión entre manas y buddhi? La clave está en la posibilidad de serenar la mente a través de la meditación y el yoga. Recuerdo la enseñanza de un maestro que, al instruir a sus alumnos en el arte del hatha yoga comentaba: “conforme nuestro cuerpo se hace más flexible, también nuestras actitudes lo hacen”.
            El cuerpo reacciona a nuestros estados mentales. Las posturas de hatha yoga nos ofrecen la posibilidad de experimentar situaciones nuevas que nos sacan de nuestros estados habituales de acción.  Y aquí la meta no es llegar a ejecutar determinada ãsana o postura  sino lo que aprendemos en el camino.
Imagina que estás en el proceso de llegar a pincha mayurãsana ¿Qué sensaciones percibes? ¿Miedo, ansiedad, apego, felicidad, gratitud? ¿Eres consciente de que una postura, por más bella que sea, solo dura un par de respiraciones? ¿Descubriste que tu cuerpo, al igual que lo que ocurre en el universo, es un conjunto de infinitas posibilidades?
La práctica de las ãsanas en el yoga fortalece el cuerpo y disminuye la ansiedad, entre otros beneficios. Un cuerpo fuerte y sereno es campo fértil para la mente meditativa.  Al meditar, nos volvemos testigos de nuestros estados perturbados por emociones negativas y nos damos cuenta que son temporales también. La meditación acorta el espacio entre la mente objetiva, manas, y la mente subjetiva, budhi. Meditar te permite asentarte en el momento presente y comenzar a actuar de manera consciente. Actúas, no reaccionas. La acción consciente es una característica de un yogui sereno.
Así pues, no queda otro camino que la práctica constante. No siempre es sencillo porque las emociones perturbadas nos desmotivan a meditar y ejecutar nuestra práctica de yoga. En su libro Conócete a ti mismo, tal y como realmente eres, el Dalai Lama explicaba que uno de los grandes desafíos que el practicante debe enfrentar es la pereza. Y no se refería simplemente a quedarse en cama dormido 20 minutos más. Comentaba que es la pereza de no actuar desde una mente consciente. Es más fácil reaccionar de manera intuitiva que realmente acceder a un proceso de consciencia del momento presente.
En mi caso, he decidido reforzar mi compromiso con mi práctica meditativa. Así, aunque tenga que madrugar, lo primero que hago en las mañanas es meditar. Y mi mente, creo, lo está agradeciendo.

Namasté

Twitter @omyogahoy


enero 03, 2016

De la mente enfocada, las emociones y el yoga


En India hay muchas celebraciones a lo largo del año que permiten a las personas honrar y recordar a la divinidad. La cantidad de dioses y diosas que conforman la mitología hindú es asombrosa. Sin embargo, no debemos irnos con la primera impresión. Ya lo decía Adriana de la Torre Fernández, autora del libro Entre maestros, dioses y demonios, un texto maravilloso para adentrarnos en la filosofía de la India y cito: “Se habla del hinduismo como una religión politeísta, y a nivel de la práctica diaria y ritual de la mayoría de la gente, podría considerarse así, sin embargo, para los eruditos de la India, el hinduismo es una religión monoteísta en la que Dios tiene muchas caras, muchos atributos y muchos nombres…”
Entonces, ¿por qué complicarse y honrar distintos aspectos de un mismo Dios? ¿Por qué tantas celebraciones si en el fondo se reconoce la existencia de una divinidad única?
            Yo he reflexionado y creo que una de las razones se centra en tener un continuo recordatorio de los propósitos de una vida plena. En mi casa, tengo una murti o estatua de Ganesh en mi comedor y una pequeña puja o altar con imágenes de mis maestros colocada, estratégicamente, en la cocina. ¿Quién no pasa por ahí más de una vez al día?
       
     Así, cuando desayuno por las mañanas o ceno en las noches, ahí están las imágenes de los maestros cuyas enseñanzas han sido un pilar importante para explicarme el mundo.
            ¿Y por qué es importante tener presente estos recordatorios? Contemplo y caigo en la conclusión de que el trajín diario nos hace actuar a partir de nuestros hábitos, casi en piloto automático. Piensa por un momento, ¿en realidad eres consciente del camino que debes tomar a tu trabajo todos los días? Lo tenemos tan aprendido que nuestro mente actúa por instinto. O prendemos el Waze y mucho peor, dejamos que una aplicación haga todo el trabajo, en aras de salvar tiempo. Y éste es solo un ejemplo pero estoy seguro que muchas de las actividades que realizamos de manera cotidiana están tan aprendidas que ya no reflexionamos sobre el momento presente.
            Y quizás te preguntes: “Pero si actuar de manera habitual, sin reflexión, me hace un ser funcional, ¿por qué tendría que tener un proceso más profundo de atención consciente?
            Swami Chinmayanda escribió un comentario sobre la Bhagavad Guita. Es un libro un poco difícil de conseguir pero es un verdadero tesoro. Él dice que: “La mente es el hombre (Mind is man). Como es la mente, es el individuo. Si la mente está perturbada, el individuo estará perturbado. Si la mente es buena, el individuo será bueno.” Por eso es muy importante estar consciente de la mente. Los budistas la consideran el regalo más grande. Y si nosotros no somos conscientes de la mente, no podremos apreciar sus agitaciones. La gente vive en estados de ira y enojo continuo que son provocados cuando sus acciones habituales son modificadas. Una persona cuya mente esté enfocada en el presente, no divaga ni se angustia. Dedica la energía precisa a la acción del momento. Y no digo que evadas el ser previsor pero si estás manejando no dirijas tu atención a los pendientes laborales. Cuando estés en la oficina, enfoca la mente en tu trabajo y no comiences a especular sí habrá tráfico o no al terminar la jornada.
La mente humana tiene un potencial creativo infinito. Piensa por un momento en todo lo que la humanidad ha creado a partir de una idea. No menosprecies el poder de la mente. Es decir, dedica la energía de tus pensamientos en el momento oportuno. Ni antes ni después.
La manera más efectiva de hacer esto es a partir de cultivar una mente creativa, luminosa y en calma. Y el camino es la meditación. Meditar es para la mente lo que la ducha para el cuerpo. Al meditar te vuelves consciente de los procesos cognitivos y de percepción.  Te conviertes en el testigo de tu propia mente. Entrénate en el arte de enfocar la mente. De hecho,  esto es yoga. El sabio Patañjali inicia su disertación sobre la práctica con el aforismo 1.2 Yogascittavrittinirodhah: “El yoga es la habilidad para dirigir la mente exclusivamente hacia un objeto y mantener esa dirección sin desviarse”.
¡Qué este periodo que inicia lo vivamos en atención plena! ¡Qué siempre nos recordamos qué es realmente lo importante! ¡Qué recordemos que la mente es nuestro tesoro más preciado!
Namasté

Daniel Mesino (Dan Sam) es maestro e instructor de yoga además de ser editor de libros. Su twitter es @omyogahoy


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