julio 09, 2017

De la buena compañía, la práctica y el yoga







Celebrar satsang es una práctica común en la relación de maestro y discípulo para estudiar, reflexionar y comprender la filosofía del yoga. La palabra significa “estar en compañía de la verdad” y hacer referencia a la reunión de buscadores o practicantes con su maestro.


El esquema de participación es simple: el maestro reflexiona sobre un tema y los buscadores, si tienen preguntas, exponen sus dudas. Por lo general se incluyen sesiones de meditación y canto que preparan a la mente para lograr un enfoque en el presente, libre de agitación.

Si bien es cierto que el yoga alienta la disciplina de la práctica personal, el practicante debe siempre tener el anhelo de reunirse con su maestro y otros buscadores para recibir enseñanza. La energía que se genera en estas reuniones tiene muchos beneficios. Swami Nityananda explica que al participar en el satsang uno sabe que no está solo en la sadhana y quizás las preguntas y dudas que uno tenga, sean las mismas que otros buscadores tienen.

Además, está la intencionalidad de quienes asisten a estas reuniones. Por lo general, son personas que han decidido dedicar su tiempo a reflexionar e interiorizar sobre las grandes interrogantes que nos aquejan en la vida: ¿Quién soy? ¿Cuál es mi propósito? Cuando nos reunimos con un mismo objetivo, los resultados son favorables.

A mí, en lo particular, me gusta practicar en grupo. La energía de los demás te sostiene, te anima a seguir adelante.  Por eso, siempre veo la práctica de yoga como un espacio de gran transformación, con respecto. Ya sea en un club deportivo o en un áshram construido hace varios cientos de años, el shala de prácticas y la enseñanza siempre debe ser honrados y vistos con amor.

Aquí es importante resaltar que en la práctica del satsang, el enfoque debe estar en seguir y reflexionar sobre las enseñanzas de los maestros. El guru es un intermediario entre la verdad que anhelamos encontrar y el entendimiento de que las respuestas que buscamos ya están en nosotros. Para eso, en caso de no contar con la presencia física del maestro, contempla sus enseñanzas. Y aquí está otro de los beneficios del satsang: Si bien puedes leer libros que recopilan el conocimiento que los yoguis han cultivado durante generaciones, llevar estas reflexiones al shala permite que el yoga se convierta en algo vivo, en algo que se aloja en nosotros y comienza a ser parte de nuestra vida cotidiana.

Si impartes clases de yoga, puedes dedicar tu enseñanza de ásanas (posturas) a uno de los sutras que expone Patañjali en sus Yoga Sutras. No tiene que ser una exposición larga. Si tienes una sesión de 50 minutos, quizás en cinco minutos, en lo que estableces el espacio de atención antes de comenzar, puedes contemplar un concepto como el de Satya (veracidad y honestidad) y recordarlo constantemente durante la práctica: ¿cómo soy honesto con mi cuerpo? ¿En verdad, estoy escuchando mi respiración? ¿Qué entiendo de expresar la veracidad con mi práctica de yoga ásanas?

Hace casi veinte años, celebrábamos la práctica de satsang cada domingo en la casa de una amiga. No era nada fastuoso. Simplemente un grupo de personas nos reunimos para meditar, practicar kirtan (canto devocional) y contemplar las enseñanzas. Cuando salía, me sentía renovado, con claridad mental. Era mi manera de cargar mi propia gasolina emocional y mental para afrontar los desafíos y los estímulos del mundo.

Hoy, estoy convencido de los beneficios de cultivar la buena compañía, de mostrar nuestro respeto por los espacios donde se enseña yoga y de seguir practicando. Así, ¿por qué no incorporar el satsang a tu práctica cotidiana de yoga.

OM OM OM

junio 29, 2017

¡Bienestar, paz interior y jolgorio en la colonia Roma de la Ciudad de México!

Cada vez estoy más convencido que debemos inundar (un verbo ligeramente incorrecto para estos días en que la Ciudad de México ha sido azotada por lluvias torrenciales) y fomentar la práctica de yoga con espacios que nos permitan hacer una pausa y retomar el rumbo.
    De otra manera, ¿cómo hacer frente a las embotellamientos, las manifestaciones, las contigencias ambientales, la poca eficiencia del transporte público y, además, al mismo tiempo ser eficientes en nuestros trabajos que cada día son más competitivos y elevan nuestros niveles de estrés?
           Sí, podemos ir al gimnasio, acudir a un bar o ir al cine para desconectarnos durante un par de horas, pero, ¿en realidad estamos generando cambios significativos en nuestros hábitos para tener una vida más equilibrda?
            En este contexto, la práctica del yoga nos permite generar un equilibrio físico, mental y emocional. Practicar yoga te permite reconectarte con el cuerpo, desarrollar la capacidad de enfocar la mente y, de este modo, estar más atentos a nuestras emociones.
            Por eso celebro que se abran más espacios para la práctica de yoga y la meditación y próximamente abrirá sus puertas un shala en la colonia Roma en la Ciudad de México. Se trata de un concepto integral con un acogedor salón de Yoga y meditación, bañado por el sol, oxigenado y lleno de plantas, en el último piso de Plaza Villa de Madrid 9. Aquí tendrás la oportunidad de llenarte de energía con clases únicas, impartidas por excelentes maestros de Yoga, certificados en México e India, y con más de 15 años de experiencia, encabezados por Gabriela Tavera y Ricardo Madrigal. Si nunca has practicado Yoga, ofrecerán clases especiales para principiantes. No hay pretextos para sumar vitalidad a nuestra vida. Además, abrirán sesiones de meditación con Isaac Fernández, guía de meditación con más de 10 años de experiencia. 

Serán sesiones con un enfoque laico, en la búsqueda de un balance emocional y la relajación mental que tanta falta hace en esta loca ciudad. Y para mí, una de las prácticas que más me gusta es el canto de mantras con la música en vivo y en este espacio, Eduardo González, músico escénico, guiará estas sesiones el primer miércoles de cada mes.
Además, en este espacio encontrarás una de las tiendas especializadas con mayor tradición en México para que encuentres en artículos que apoyarán tus prácticas de yoga y meditación: La Cueva del yogui, con productos como cojines para meditar (zafus) rellenos de cascarilla de café, japamalas, ropa para fitness, tapetes y props de Yoga de todas las marcas, mandalas, joyería holística y accesorios inspiradores. El 85% de los productos son diseñados y hechos en México, activando el talento y economía nacional.
Y por si estoy fuera poco, en el primer piso, abrirá sus puertas el Jolgorio, un restaurante gourmet, placentero y saludable, liderado por Rodrigo Llanes, Chef e historiador con 25 años de trayectoria, donde podrás disfrutar toda una experiencia gastronómica en cada visita. Tienen deliciosos menús todos los días, y ediciones especiales. A partir del mes de agosto el Jolgorio será la sede del proyecto Los 300 platos, un colectivo de alta cocina donde un grupo de chefs servirá menús degustación de su autoría. Este será un espacio para estar y convivir plenamente, para respirar armonía y comunidad, en un entorno cada vez más caótico. Una opción para plantar semillas de bienestar.
La inauguración oficial es el 9 de julio, con un interesante programa de actividades como Yoga vinyasa, Puja Budista, música en vivo, meditación con mantras de transformación y más. Además, tendremos una clase masiva en la fuente de Cibeles. Todas serán de entrada libre por el gozo de compartir. ¡Te esperamos! Ven a vivir un concepto único e integral en Yoga y Meditación.

Más info en en el siguiente click.

abril 08, 2017

Sin meditación no hay paraíso (ni yoga)

Hace un par de días, en un muro de Facebook, leí la siguiente expresión: “Es curioso cómo la gente piensa que los que practicamos yoga deberíamos estar todo el tiempo en calma. Y no. Estamos aquí porque todos estamos “locos”. Coincido plenamente.
            Estamos locos porque no nos resignamos a vivir de manera automáta, reaccionando en lugar de actuar con atención plena. Hay un acto de rebeldía en el yogui que trata de entender cómo se construye la percepción de su mundo. Es un explorador de su realidad que se niega a aceptar que la vida es cómo se la están contando.
            En el diccionario de la Real Academia de la Lengua, la locura se define como una “acción que, por su carácter anómalo, causa sorpresa”.  Y nosotros continuamente nos movemos en acciones anómalas: nos paramos de cabeza, meditamos, cantamos mantras, viajamos en busca de recibir enseñanza de maestros, observamos los efectos que causan los alimentos en nuestro cuerpo, cuestionamos lo que ocurre a nuestro alrededor, contemplamos el comportamiento de la mente, etcétera.
            El estudiante de yoga es consciente de que la belleza de esta experiencia que llamamos vida está basada en la constante variación de luz y oscuridad, de inferior y superior, de los pares de opuestos que se manifiestan constantemente.
            Nos han hecho creer que el mundo es así y, como consuecuencia,  tenemos que experimentar sufrimiento sin indagar en su origen. En una ocasión, alguien intentó convencerme de que la felicidad eran estados momentáneos que se daban de acuerdo a las circunstancias.  Y como buen loco me negué a aceptar tal afirmación. Porque de ser así, mi estabilidad dependía de las condiciones externas que están en constante cambio.
            El yoga es una filosofía que nos permite incrementar nuestra capacidad de adaptación ante las fluctuaciones constantes que son propias de todo lo que existe en el mundo: nacimiento, crecimiento y muerte; creación, sostenimiento y transformación. Lo que sucede en el exterior no lo podemos controlar pero sí está en nuestras manos cómo reaccionamos frente a estos factores externos.  
   
Y para que esto suceda, el practicante de yoga no se debe olvidar de meditar con regularidad. Sin meditación no hay paraíso. ¿Cómo vamos a cambiar nuestros hábitos desde la agitación y el enojo? La meditación, enseña Swami Nityandanda, es un arte para la vida. No es sentarte, apagar la luz, enfocar tu atención en un punto específico y repetir mantras.
            La meditación es como el fluir del aceite que vertimos en una lámpara. Es el estado de turiya, la experiencia del conocimiento puro, que va a todas partes con nosotros. Más allá del tapete de yoga o el shala de práctica.

No se trata de alcanzar algo en particular. Es el continuo acto de aceptar y vivir en el presente. Paz al caminar, paz en el trabajo, en la familia, en las relaciones. Éste es el arte de la meditación. El arte que nos gusta ejercer a todos nosotros que estamos un poco, o un mucho, locos.

febrero 25, 2017

Del yoga y el contentamiento


Si alguien me preguntara por qué practico yoga, le respondería: “para recordarme hoy, más que nunca, que tengo el derecho de ser feliz.  Qué ningún presidente, candidato, devaluación, muro, campaña electoral; etc., me quitará las razones que tengo para cultivar la compasión, el amor incondicional, la generosidad, la tolerencia y la claridad para tomar las decisiones que me ayuden en mi firme determinación de vivir de manera plena”.
            Todas las prácticas del yoga son en beneficio de la mente. Si vemos el mundo como espectadores de una película en una pantalla IMAX nos daremos cuenta de que no existen un lugar y un momento mejores o peores de los que estamos viviendo. Así nos vayamos a la isla más paradisiaca de la tierra con un sistema de gobierno justo y un modelo económico sustentable y equitativo, si la mente no está en calma, incluso en este lugar viviremos el peor de los infiernos. O por el contrario, recordemos la experiencia del doctor Viktor Frankl quién fue prisionero, durante mucho tiempo, en los bestiales campos de concentración de Auschwitz donde fue testigo de la muerte de sus padres, su hermano, incluso su esposa, y aún en estas circunstancias pudo aceptar que la vida era digna de ser vivida.

          La premisa central del Yoga Vasistha (un texto filosófico atribuido al sabio Valmiki) nos enseña que el mundo es un reflejo de nuestra percepción interior. Así pues, si la mente está en calma, nuestro mundo también lo estará. Si la mente es violenta, nuestro mundo será un caos.
        Es probable que al estar leyendo esta parte del texto cuestiones si acaso, ¿cultivar esta percepción no es una manera de evadirnos de los grandes desafíos que debemos enfrentar todos los días? La realidad es que el mundo no va a cambiar por angustiarnos más, preocuparnos en exceso o llenarnos de miedos y temores. Pero sí se va a transformar si cultivamos una mente en calma que desarrolle la claridad.

Cuando Gandhí señalaba categórico: “Sé el cambio que te gustaría ver en el mundo”, se refería a iniciar el trabajo  con nosotros mismos, a cuidar nuestra mente. Si nosotros cambiamos, nuestro mundo lo hará también. Piensa y reflexiona por un momento: cuando realizas tu práctica temprano, antes de inciar tu día, ¿no tienes la sensación de que la vida fluye de mejor manera? Sí, los retos continuán en el diario acontecer, el tráfico, la histeria y el estrés no desaparecen pero tu sabes que estás en posición de tomar mejores decisiones.
El camino hacia una mente luminosa es la meditación y la contemplación. Solo así puedes entrenar a la mente. Mi maestro Swami Nityananda enseña que el contentamiento es el estado de la mente feliz más allá de las circunstancias. Hoy centro mi determinación en construir mi práctica hacia ese estado de contentamiento.
Qué las asanas fortalezcan y propicien la salud al cuerpo para que éste no sea un impedimento para la meditación. Qué el pranayama sea el vehículo para que la energía vitual fluya por los cuerpos físico y sutil. Qué las prácticas que conforman mi sadhana siempre sean en beneficio de la mente.

enero 08, 2017

Del yoga, el inicio de nuevos ciclos y la cualidad cambiante de la vida.

En el archipiélago hawaiano, una de las palabras que más se escucha es Aloha. Una maestra de yoga me comentó que se podría interpretar cómo "hola, te doy la bienvenida  y también te despido con amor". Tanto las acciones de recibir como de despedir están implícitas en esta locución. Me decía que también era importante recordar que el amor estaba presente en ambas acciones.

Al contemplar esta expresión, no pude evitar reflexionar sobre el nuevo ciclo que comienza. Muchos conocidos y amigos coincidieron en señalar que el año que acababa de culminar había tenido como constante el dolor y el sufrimiento por diversas razones. Las sensaciones de desesperanza, estrés y orfandad fueron constantes ante los cambios drásticos que estuvieron presentes a lo largo de los doce meses anteriores. 

En este contexto, soy consciente de la necesidad de llevar al mundo exterior lo aprendido en el tapete  y en el salón de yoga. La práctica continua, día a día, es el único camino para transitar ante los cambios constantes que son la única certeza que tenemos: todo está en continua transformación. La felicidad es un estado al que todos tenemos derecho. No es resultado azaroso sino fruto de nuestro propio esfuerzo. Sankara, el gran sabio que ha hecho una introducción invaluable al Vedanta en el Vivekachoodamani, afirma que tener una nacimiento humano es de gran valía. No lo desperdiciemos. 

Definitivamente, conforme vamos creciendo, el mundo que nos habíamos construido va cambiando. Las relaciones se transforman, los hijos crecen, los gobiernos adoptan posturas que no entendemos, perdemos a seres queridos, la dinámica laboral toma giros inesperados, etc. Ante este escenario, lo único que podemos hacer es acompañarnos bien, y nosotros somos nuestra mejor compañía. Patañjali en sus Yoga Sutras asegura que el sufrimiento que viene puede y debe ser evitado. Y en este sentido, las prácticas son el soporte. Sankara comenta que las prácticas primordiales para adentrarnos en una comprensión amplia de la vida son la reflexión y la meditación y señala seis características esenciales que debe cultivar un buscador:

  1. Valor
  2. Discernimiento
  3. Desapego
  4. Equilibrio
  5. Paz
  6. Gozo
Tengamos el valor para no abandonar las prácticas y el discernimiento correcto para asimilar las enseñanzas. Que abordemos el 2017 con aloha, es decir con apertura y desapego para encontrar el equilibrio que nos permita vivir en paz y con gozo.

Qué así sea el inicio de este año.

Aloha

septiembre 17, 2016

De por qué el yoga nos salva continuamente

En alguna ocasión recuerdo haber comentado que la práctica del yoga me ha salvado. Hoy lo ratifico. La Ciudad de México es un entorno poco amable donde los traslados son caóticos por el incremento del parque vehicular y la insuficiencia de los medios de transporte público. 

Si alguien que esté leyendo este blog no ha estado en esta urbe, para que se de una idea, se encontrará con un hábitat donde viven de fijo casi 9 millones de habitantes con una población flotante de 2 millones de personas que viajan para estudiar y/o trabajar. 

A esto, sumamos ambientes laborales altamente competitivos que generan estrés y agotamiento mental. Según estudios, el promedio de traslado para llegar a su centro de estudio o de trabajo, es de una hora 20 minutos. Quiero citar un día tipico de mi jornada laboral. Salgo a las 8:45 de la mañana y, si todo salé bien, llegaré a las 9:40. Si existe algún accidente o cualquier reparación en las vialidades, es probable que arribe a las 10 de la mañana. En la tarde, el panorama no cambia. A veces, procuro salir tarde para esperar a que el tráfico haya disminuido pero en un ciudad con 5 millones de vehículos, es muy complejos. Un día quise salirme a las 19:30 horas de la oficina para llegar a la casa a las 20:30 y practicar. El trayecto tomó una hora 48 minutos. Llegué cansado, agotado y tenso. No tenía fuerza para una práctica de Vinyasa así que opté por una práctica restaurativa. La mente se calmó, la tensión se alejó y puedo irme a descansar y dormir contento. Esto me recordó que el yoga no son formas externas sino un camino para transitar en esta experiencia humana con una mente en calma, un cuerpo sano y un corazón compasivo.

Esto me llevó a recordar que hoy por hoy, necesitamos valorar el yoga como una filosofía de vida que nos permita sortear todos los desafías de la vida cotidiana. Se necesita una mente en calma para tomar mejores decisiones. Los beneficios de practicar yoga no solo se perciben a nivel individual si no que contribuyen a la sociedad en general. Si practicas yoga y no puedes hacer un parado de cabeza, completar la primera serie de ashtanga yoga o cualquier otra postura que parezca un desafío, ¡sigue practicando! Quizás en esta vida no la domines, quizás sí la logres. Eso no lo puedo asegurar. De lo que si estoy seguro es que los beneficios se verán en la mente, en un estado físico emocional más equilibrado. Así que keep trying!!!!

enero 17, 2016

De los hábitos, la resistencia al cambio y el yoga

Conforme vamos creciendo, nuestros hábitos y la manera en que nos explicamos el mundo tienden a convertirse en verdades absolutas. Nos cerramos ante la posibilidad de abrirnos a experiencias y conocimientos nuevos. Nos volvemos rígidos de pensamiento y poco tolerantes ante escenarios que son desconocidos para nosotros.
            En mi opinión personal, una de las grandes enseñanzas del yoga es aprender a trabajar con nuestros hábitos para abrirnos a nuevas posibilidades de percepción que nos ayuden a llevar una vida más placentera.
            Swami Chinmayananda, en su  introducción a la Bhagavad Guita, explica la importancia de entender cómo nuestros hábitos son un reflejo de nuestro estado mental.
Chinmayananda señala que en sánscrito existen dos vocablos para referirse a la mente: manas que es la mente objetiva, aquella que recibe los estímulos a través de los sentidos del oído, el tacto, la vista, el gusto y el olfato. Y luego, Buddhi o mente subjetiva, que interpreta los estímulos externos y los traduce en actos a través de los órganos de acción: el habla, el movimiento a través de las piernas, la destreza manual, la reproducción y la excreción. Y destaca: “la separación entre los aspectos objetivos y subjetivos de la mente están determinados por las capas de deseos egoístas en el individuo. Entre más grande sea la distancia entre estos dos aspectos de la mente, más grande será la confusión interna”.  Y esta distancia está determinada por la construcción previa que nos hemos hecho del mundo a partir de nuestras vivencias en el pasado. Una experiencia agradable o desagradable de nuestro pasado deja una impresión en la mente subjetiva y ésta es la que determinará la interpretación de los estímulos externos que recibimos continuamente. La confusión radica en que estas interpretaciones subjetivas las asumimos como realidades absolutas y comenzamos a reaccionar sin tener un proceso consciente de acción.
            ¿Cómo generar una mayor conexión entre manas y buddhi? La clave está en la posibilidad de serenar la mente a través de la meditación y el yoga. Recuerdo la enseñanza de un maestro que, al instruir a sus alumnos en el arte del hatha yoga comentaba: “conforme nuestro cuerpo se hace más flexible, también nuestras actitudes lo hacen”.
            El cuerpo reacciona a nuestros estados mentales. Las posturas de hatha yoga nos ofrecen la posibilidad de experimentar situaciones nuevas que nos sacan de nuestros estados habituales de acción.  Y aquí la meta no es llegar a ejecutar determinada ãsana o postura  sino lo que aprendemos en el camino.
Imagina que estás en el proceso de llegar a pincha mayurãsana ¿Qué sensaciones percibes? ¿Miedo, ansiedad, apego, felicidad, gratitud? ¿Eres consciente de que una postura, por más bella que sea, solo dura un par de respiraciones? ¿Descubriste que tu cuerpo, al igual que lo que ocurre en el universo, es un conjunto de infinitas posibilidades?
La práctica de las ãsanas en el yoga fortalece el cuerpo y disminuye la ansiedad, entre otros beneficios. Un cuerpo fuerte y sereno es campo fértil para la mente meditativa.  Al meditar, nos volvemos testigos de nuestros estados perturbados por emociones negativas y nos damos cuenta que son temporales también. La meditación acorta el espacio entre la mente objetiva, manas, y la mente subjetiva, budhi. Meditar te permite asentarte en el momento presente y comenzar a actuar de manera consciente. Actúas, no reaccionas. La acción consciente es una característica de un yogui sereno.
Así pues, no queda otro camino que la práctica constante. No siempre es sencillo porque las emociones perturbadas nos desmotivan a meditar y ejecutar nuestra práctica de yoga. En su libro Conócete a ti mismo, tal y como realmente eres, el Dalai Lama explicaba que uno de los grandes desafíos que el practicante debe enfrentar es la pereza. Y no se refería simplemente a quedarse en cama dormido 20 minutos más. Comentaba que es la pereza de no actuar desde una mente consciente. Es más fácil reaccionar de manera intuitiva que realmente acceder a un proceso de consciencia del momento presente.
En mi caso, he decidido reforzar mi compromiso con mi práctica meditativa. Así, aunque tenga que madrugar, lo primero que hago en las mañanas es meditar. Y mi mente, creo, lo está agradeciendo.

Namasté

Twitter @omyogahoy


De la buena compañía, la práctica y el yoga

Celebrar satsang es una práctica común en la relación de maestro y discípulo para estudiar, reflexionar y comprender la filosof...