De la enseñanza del yoga y la formación de maestros

En una opinión muy personal, existen dos fuertes motivaciones por las que una persona decide formarse como instructor de yoga. La primera es la vocación. Hay personas que les gusta enseñar. Es una de las actividades más nobles que puede desarrollar el ser humano. Ayudar a que otros recorran el camino. La segunda, es compartir ESO que para ti ha sido un antes y un después en tu vida. La experiencia de calma, plenitud y equilibrio que te da el yoga es real. Tú lo has vivido y, por el inherente sentimiento de compasión que existe en nosotros al reconocer que todos queremos una existencia feliz y plena, sabes que la práctica del yoga y sus enseñanzas te permiten lograrlo.

Pero ¿cómo enseñar yoga? ¿Cuándo uno está listo para convertirse en instructor? El árbol del Yoga, de B.K.S. Iyengar, dice lo siguiente: “El yoga no se puede aprender a través de conferencias. El yoga ha de ser enseñado mediante preceptos y su enseñanza implica elementos prácticos”. Y de ese mismo texto, cito las cualidades que Iyengar enumera de un buen maestro: “Los requisitos para un profesor son múltiples. Yo quisiera, no obstante, apuntar unos pocos comentarios para que ustedes los recojan, entiendan y trabajen con ellos. Posteriormente se pueden descubrir muchos más. Un profesor ha de ser claro, inteligente, seguro, estimulantes, afectuoso, prudente, constructivo, valiente, comprensivo, creativo, completamente entregado y dedicado al conocimiento de la materia, considerado, concienzudo, crítico, comprometido, jovial, casto y sosegado. Los profesores deben ser fuertes y positivos en su enfoque. Deben mostrarse afirmativos para crear confianza en los alumnos y dubitativos dentro de sí mismos para así reflexionar de forma crítica sobre su propia práctica y actitudes. Los profesores han de estar siempre aprendiendo. Aprenderán de sus alumnos y deben tener la humildad de decirles que aún están en proceso de aprendizaje en su arte”.

Retomo la siguiente frase de Iyengar: “Los profesores han de estar siempre aprendiendo”. Se trata de una exploración constante de uno mismo. Meta Chaya, una maestra de Estados Unidos, lo dice en su libro Vital Yoga: “Ven a tu clase con un estómago vacío y una mente abierta. Otras cualidades que seguro te ayudarán en este viaje son: entusiasmo, honestidad, perseverancia, un sentido del humor y un deseo por conocer a tu ser interior. Es importante dedicarte tiempo y espacio a conocerte realmente, con una actitud de curiosidad y gozo, como si fueras un niño que llega por primera vez a un campo de juegos y comienza a explorar todos los juguetes que están ahí. Una actitud así te facilitará el progreso, tanto dentro como fuera del tapete de yoga, en tu vida diaria”.

Comparto con ustedes mi propia experiencia. No quiero decir que ésta sea la mejor o la única. Es mi camino. Tuve la suerte de conocer a dos grandes maestros de meditación. Swami Chidvilasanda y a su hermano, Swami Nityananda. Ellos me mostraron el camino del yoga y cómo las enseñanzas se pueden aplicar a la vida diaria. Pero sobre todo, me ayudaron a entender y vivir la conexión conmigo mismo. Posteriormente, comencé a practicar hatha yoga y luego ashtanga vinyasa yoga. Fue en este momento cuando decidí profundizar con el entendimiento y la disciplina del yoga. Ahí fue donde conocí a Bernardo Kushala Camarena. Un gran maestro. Desde hace cinco años, él ofrece en Purno Ham Yoga & Sanación (http://www.purnoham.com/), el estudio que dirige, una formación de maestros en Ashtanga Vinyasa Yoga que ha denominado Peregrinaje al Ser (200 horas). Es un retiro semi urbano en el que, durante un mes, practicas todos los días de 6 a 8 de la mañana y regresas en la tarde para tomar clases teóricas. Se complementa con prácticas de meditación y seminarios de fin de semana. Para mí fue un gran punto de quiebre. Dada la intensidad del mes de estudio, y que debes ajustar a la cotidianidad de trabajo y familia, uno realmente vive el yoga y sus beneficios prácticos. Fue una reafirmación con mi propia práctica personal.

Posteriormente, y después de tomar varios seminarios con maestros como David Life y Sharon Gannon de Jivamukti Yoga o, con dos grandes maestros de ashtanga como David Swenson y David Williams, decidí reencontrarme con una de mis primeras maestras de hatha yoga: Jñana Dakini. Ella ha desarrollado una formación conformada por seminarios intensivos que se cursan los primeros días de cada mes. Adicionalmente, debes tomar un número determinado de clases prácticas entre cada seminario. Todo esto en Yoga Espacio (http://www.yogaespacio.com.mx/). La formación tiene una duración de 2 años. Acumulas 600 horas de instrucción. Ya ha pasado un año desde que comenzamos. Ha sido también una experiencia muy enriquecedora. Hay un profundo entendimiento y comprensión del cuerpo, las emociones y la mente. No es una formación Iyengar exclusivamente. Es integral y también se trabaja con yoga restaurativo y vinyasa.
     Hoy no puedo más que expresar mi gratitud por encontrar a estos dos grandes maestros. Y si bien es cierto que sus métodos pueden diferenciar, el punto de llegada es el mismo: mantener un cuerpo sano, establecerse en una mente en paz y en calma, y cultivar un corazón compasivo. Al fin y al cabo, de eso trata el yoga.


Tanto el Peregrinaje al Ser… Alquimia en la práctica del yoga (200 horas) entrenamiento en yoga y ashtanga vinyasa yoga para formar profesores así como la Formación de Maestros (600 horas) de Yoga Espacio inician en octubre de 2011. Para mayor información, puedes consultar las páginas webs que han desarrollado cada escuela: www.purnoham.com y www.yogaespacio.com.mx

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