febrero 25, 2017

Del yoga y el contentamiento


Si alguien me preguntara por qué practico yoga, le respondería: “para recordarme hoy, más que nunca, que tengo el derecho de ser feliz.  Qué ningún presidente, candidato, devaluación, muro, campaña electoral; etc., me quitará las razones que tengo para cultivar la compasión, el amor incondicional, la generosidad, la tolerencia y la claridad para tomar las decisiones que me ayuden en mi firme determinación de vivir de manera plena”.
            Todas las prácticas del yoga son en beneficio de la mente. Si vemos el mundo como espectadores de una película en una pantalla IMAX nos daremos cuenta de que no existen un lugar y un momento mejores o peores de los que estamos viviendo. Así nos vayamos a la isla más paradisiaca de la tierra con un sistema de gobierno justo y un modelo económico sustentable y equitativo, si la mente no está en calma, incluso en este lugar viviremos el peor de los infiernos. O por el contrario, recordemos la experiencia del doctor Viktor Frankl quién fue prisionero, durante mucho tiempo, en los bestiales campos de concentración de Auschwitz donde fue testigo de la muerte de sus padres, su hermano, incluso su esposa, y aún en estas circunstancias pudo aceptar que la vida era digna de ser vivida.

          La premisa central del Yoga Vasistha (un texto filosófico atribuido al sabio Valmiki) nos enseña que el mundo es un reflejo de nuestra percepción interior. Así pues, si la mente está en calma, nuestro mundo también lo estará. Si la mente es violenta, nuestro mundo será un caos.
        Es probable que al estar leyendo esta parte del texto cuestiones si acaso, ¿cultivar esta percepción no es una manera de evadirnos de los grandes desafíos que debemos enfrentar todos los días? La realidad es que el mundo no va a cambiar por angustiarnos más, preocuparnos en exceso o llenarnos de miedos y temores. Pero sí se va a transformar si cultivamos una mente en calma que desarrolle la claridad.

Cuando Gandhí señalaba categórico: “Sé el cambio que te gustaría ver en el mundo”, se refería a iniciar el trabajo  con nosotros mismos, a cuidar nuestra mente. Si nosotros cambiamos, nuestro mundo lo hará también. Piensa y reflexiona por un momento: cuando realizas tu práctica temprano, antes de inciar tu día, ¿no tienes la sensación de que la vida fluye de mejor manera? Sí, los retos continuán en el diario acontecer, el tráfico, la histeria y el estrés no desaparecen pero tu sabes que estás en posición de tomar mejores decisiones.
El camino hacia una mente luminosa es la meditación y la contemplación. Solo así puedes entrenar a la mente. Mi maestro Swami Nityananda enseña que el contentamiento es el estado de la mente feliz más allá de las circunstancias. Hoy centro mi determinación en construir mi práctica hacia ese estado de contentamiento.
Qué las asanas fortalezcan y propicien la salud al cuerpo para que éste no sea un impedimento para la meditación. Qué el pranayama sea el vehículo para que la energía vitual fluya por los cuerpos físico y sutil. Qué las prácticas que conforman mi sadhana siempre sean en beneficio de la mente.

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