De quiénes somos y la práctica del yoga

En la semana estuve contemplando una enseñanza de mi maestro, Swami Nityananda. En esta plática hablaba del concepto de máscaras. Si quieres escuchar la plática completa, puedes dar click aquí. En esta charla, mi maestro explicaba que todos nosotros estamos interpretando una serie de roles que nos permiten cumplir con nuestro dharma o misión en el mundo. Él ejemplificaba que algunos utilizamos la máscara del león, otros de un elefante, una serpiente o un perro y así logramos sobrevivir ante las amenazas del entorno. 
   Es decir, algunas veces podemos interpretar el papel del empleado, otras veces del padre de familia, del amigo, del hijo, del emprendedor, del ama de casa, etc. Y nos caracterizamos para interpretar de la mejor manera nuestro rol. Incluso, comentaba mi maestro, muchas veces nos poníamos en el papel de ser espiritual o de yoguis ¡y nos volvemos tan serios y rígidos con nuestra práctica espiritual!                         
Y ahí está el dilema: nos creemos tanto nuestro papel que nos olvidamos de quiénes somos en realidad.
   Swami Muktananda, en su libro ¿A dónde vas? habla de la naturaleza del Ser y explica: "Aunque no tiene atributos, los sabios han descrito su naturaleza como sat chit ananda": existencia, conciencia y dicha. Es decir, el Ser existe, es real. Y es consciente de que existe y se manifiesta como dicha o contentamiento. Las prácticas de yoga nos permiten reconocer la naturaleza de Sat chit ananda en nuestras vidas, de conectar con el gran espíritu. Es el anhelo también de muchas tradiciones espirituales. Cuando la mente detiene su parloteo constante y logra establecerse en la quietud del momento presente, experimentamos esa sensación de dicha, paz y plenitud.
    La meditación es el camino ideal para lograr esta conexión. Sin embargo, muchas veces la tensión que acumulamos en el cuerpo, nos impide sentarnos a meditar así que es necesario trabajar con las āsanas del hatha yoga. A mí me ha pasado que durante mi práctica, experimento una sensación de alegría y contentamiento al ejecutar ciertas posturas. 

    Otra manera de hacerlo, es la poderosa experiencia del kirtan, o canto devocional. Mi amiga, Nityeshwari Bordoy lo explica con mucha claridad: "Es el canto como práctica yóguica, ya que requiere de una postura correcta (āsana), e involucra la respiración (pranayama), la concentración (dharana), y la devoción o sentimiento. Es el camino más corto hacia la meditación espontánea. Muchos son sus beneficios. En primer lugar, destaca la apertura del corazón, donde radica la fuerza e inteligencia del individuo. También nos alinea con los ritmos y sonidos internos, nos sensibiliza respecto al universo que nos rodea. Grandes maestros como Neem Karoli Baba y Swami Nityananda recomiendan el kirtan para el progreso espiritual". 
     Y hace poco, estuvo aquí en México Jai Uttal, un músico americano que, junto con su banda de músicos, guía la práctica del canto devocional con arreglos contemporáneos a los cantos tradicionales de la India. El resultado es una fuerza que contagia y enaltece. Ahí comprendí el significado de ir más allá de los roles que nos toca interpretar en el mundo y simplemente ser. Cuando vivimos desde esta consciencia, ampliamos nuestra concepción del mundo. Entendemos que lo que creíamos que era importante, quizás no lo sea tanto. Muchas veces nos volvemos rígidos, nos tomamos demasiado en serio, pensamos que la vida es nuestro trabajo, nuestra pareja, nuestros hijos, nuestra posición y creemos que todo lo controlamos. Nos cuesta trabajo soltar y dejar que la vida fluya. Cuando vivimos desde la consciencia del testigo que mira con ecuanimidad cómo las cosas externas son como son, entonces nos sentimos más libres. Esa es la libertad de la que habla el yoga. 
      Yo me siento contento de poder hacer una pausa de mis actividades cotidianas, de encontrarme con mis maestros y compañeros de sangha que me ayudan a recordarme que hay una dicha que existe y que es real. Ayer, después de salir del concierto, escribí esto:

Acabo de regresar del kirtan con Jai Uttal. Fue una gran celebración. Pura bhakti. La sensación de dicha y contentamiento después de haber bailado y cantado por casi tres horas es que no importa si eres ashtangui o clavado en la metodología Iyengar, si tu camino es shamanico o te gusta el Power Yoga, si utilizas un turbante o un sari, si practicas anusara o estás en la escuela de Jivamukti Yoga. Esta noche estábamos ahí, todos, algunos llegamos solos y otros en grupo pero nos encontramos como una gran familia para dejar de identificarnos con el rol que desempeñamos en el mundo y simplemente ser. Somos una gran tribu, un clan, una familia. 

¡Qué todos seamos felices!

















Aquí mi amiga y maestra de Yoga, Paty Barragán con Jai Uttal.

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