Del poder de las palabras, la práctica y el yoga

El poder de las palabras es muy fuerte. Basta con que alguien te diga algo que conecte contigo, aunque se encuentre a kilómetros de distancia, ¡y estallamos!
El maestro de mi Guru, Swami Muktananda, solía contar una historia para ejemplificar el poder que tienen las palabras en nosotros. Contó que durante una conferencia en Estados Unidos un hombre se levantó y le preguntó cuál es el efecto de repetir un mantra como OM. Muktananda le respondió: "¡Cállate imbécil!" El hombre se puso rojo de cólera, las venas le salían del cuello, estaba muy enojado. Y le dijo, "¡Qué manera de contestar es esa de un Swami!". Y Muktananda respondió: "Ese es el poder que las palabras tienen en nosotros. Bastó una frase para que tu estado de ánimo cambiara. Si eso ocurre con las palabras agrias, imagina lo que sucederá si repites el nombre divino. Ese es el efecto de repetir OM".
Esta anécdota nos ayuda a ejemplificar el poder que las palabras tienen en nosotros. La pregunta es ¿qué hacemos para que los comentarios ácidos, agrios, no alteren nuestro estado de ánimo?
En mi experiencia personal, creo que una posible solución es comenzar a entrenar a la mente. Para eso practicamos posturas de yoga y meditamos. Cuando practicas el yoga de las posturas (que se conocen como ásanas), aprendes a observarte en situaciones que te sacan de tu zona de confort. Por ejemplo, si vas a hacer tu primer parado de cabeza (sirsasana), seguramente experimentaras distintas sensaciones (miedo, angustia, ansiedad, curiosidad, etc). Al final, cuando entras en la postura, descubres también que cualquier ásana es imparmanente. Es decir, no importa que tanto te guste o rechaces hacer una postura, sólo dura un determinado tiempo. Entonces, tu mente comienza a entrenarse en la impermanencia de todo lo que existe.
Hacernos conscientes de que todo se crea, se mantiene y se disuelve —es decir, de la impermanencia—, nos ayuda a entender que cualquier estado emocional también lo es. No importa que tan enojados o contentos estemos, ese estado surgirá, se mantendrá y finalmente se disolverá. Meditamos y prácticamos yoga para encontrar el camino medio. En el centro, está la calma. Ni una alegría desbordada ni una depresión profunda. Ahí está el otro entrenamiento para la mente: la meditación.
Así que la próxima vez que algo altere radicalmente tu estado emocional, no te conectes con él. Contacta con tu respiración y contempla que todo surge, se mantiene y se disuelve. Pero no es eterno. Es fácil decirlo. Ponerlo en práctica requiere trabajo. Por eso el recordatorio de la práctica constante.

Om Shanti Shanti Shanti

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