Día 8

Varanasi

05:30 Hoy es Noche Buena. Me levanto con una extraña sensación. Han sido días intensos pero dormí muy bien anoche. Estoy listo porque en el transcurso del día daré un paseo en bote por el Ganges frente a la mítica ciudad de Varanasi. Después visitaré algunos puntos importantes como la universidad y los templos de Shiva y Hanuman. Pero lo más importante es que tomaré clases con Bharati, en el Yoga Training Center. Es importante no olvidar lo que me trajo a India, debo siempre tenerlo presente.

06:00 Estoy frente al Meer Ghat, uno de los más importantes que hay en la rivera del río. Un Ghat son escaleras que bajan de los distintos barrios al Ganges. De ahí tomo una barca para realizar un paseo por el río. Es lo más recomendable. Una vez más, la magia de este hermoso país vuelve a conquistarme. A lo largo del río hay hombres practicando yoga, santos ofreciendo sus salutaciones al Ganges, personas meditando. Es un escenario indescriptible. Debo confesar que me debato entre la nostalgia de las celebraciones y la espectacularidad de este lugar. Dejo una ofrenda de luces en el río. Pido por mis padres, mis hermanos, mi pareja, sus familias, los amigos, los compañeros de trabajo. Entonces viene uno de los espectáculos más bellos que he visto en mi vida: la salida del sol. Voy viendo como el sol comienza a iluminar poco a poco los templos que tienen más de 3 mil años de antigüedad. Es un espectáculo sin igual. Suenan las campanas del āarati de la mañana al Ganges. En verdad me siento muy agradecido.

09:00 Visito tres lugares emblemáticos de Varanasi. El primero es la universidad. Me explica el taxista que el nombre musulmán de Varanasi es Benáres. Hay una importante comunidad musulmana en este lugar. Lo notas en la universidad que, como la mayoría de estos centros en el mundo, refleja un ambiente cosmopolita donde las diferentes razas, ideologías y religiones se mezclan. El campus es enorme. Abarca varias hectáreas. Hay un huerto ayurvédico entre las distintas facultades. Me dicen que es la segunda universidad más grande de la India. Aquí también hay un hospital. El lugar está rodeado de árboles de mango.
Muy cerca del campus, hay un templo dedicado a Shiva. A diferencia de otros lugares que he visitado, aquí no hay mucha gente. El lugar es hermoso, hay una paz que se vuelve muy necesaria en el agitado ambiente de la ciudad. Los pisos de mármol contrastan con el colorido del decorado de las imágenes de las deidades. Hay varios sacerdotes en el templo que recitan mantras. En un pasillo, se escucha a un hombre que toca el armonio y canta Om Namah Shivaya. La calma del lugar me invita a agradecer por este yatra (peregrinaje).
Después me traslado a otro lugar para visitar el templo de Hanuman. Es una construcción con más de 2 mil años de antigüedad. Hay una cantidad impresionante de gente. Trato de acercarme al sadhú (santo) que ofrece prāsad (comida bendita). Hay una multitud de gente que puede llegar a intimidar. En otras zonas del templo, unos sacerdotes realizan una yagna o ceremonia de fuego mientras que otro lugar, un grupo de devotos de Hanuman participan en un kirtan (canto con instrumentos y armonio). Me uno a ellos durante unos minutos. Cierro los ojos y contacto con una paz y una calma enaltecedora.

11:00 Tengo una pequeña diferencia con el taxista que me asigno el hotel. Le explico que necesito ir al Yoga Training Center de Varanasi. Desde la mañana le había pedido eso pero en su lugar me llevó a un lugar donde se practica una especie de lucha libre hindú. Le trato de decir que no, yo quiero practicar yoga. Se ofrece a conseguirme un maestro particular. Insisto que no, ya un poco molesto. Me dice: "Don't get angry. If you happy, I am happy".
El Yoga Training Center está muy cerca del Meer Ghat. En nuestro camino, hay una cremación. Es impresionante. Se trata de un hombre. Hay una gran lección en cómo se convive con la muerte. Pero aún hay más. Enseguida viene un hombre con el cuerpo de su bebé en brazos. Lo va a arrojar al río. Es imposible describir el rostro de esta persona. Sencillamente, no hay palabras.
Llego al Yoga Training Center. Esta en el tercer piso. Aquí todo es subir y bajar escaleras. Voy a tomar dos clases. Una hoy y la otra mañana. Las clases no son nada baratas. Por ambas clases, 4500 rupias, casi 630 pesos mexicanos por clase. Dura dos horas. Me entrevisto con Bharati, la maestra. De pronto me dice que tiene dos alumnos de México que la visitan frecuentemente: Amado Cavazos y Andrea Borbolla. Estoy contento.

12:00 Parece que uno de los lugares más populares entre los turistas extranjeros es el German Bakery. Hay comida, té, pan horneado y, quizás lo más atractivo: Wi Fi. Voy, pido un chai y reviso mi correo. Aprovecho para escribir y desear feliz Navidad a mi familia y amigos. Recibo una noticia que me impacta: la abuela de alguien muy querido y cercano está grave. Las enfermeras piden a la familia que sean fuertes. Pido bendiciones y contemplo el momento. Si hay algo que es evidente en este país son los pares de opuestos: calma, sonidos estridentes; vida, muerte; monumentos impresionantes, pobreza extrema. Mando bendiciones para todos en México.
Camino por los callejones, escaleras y puertas de los Ghats en Varanasi. Hay cientos de pequeños comercios por todos lados. Reviso y necesito efectivo. Pregunto por un cajero y me señalan derecho hasta la calle principal. Parece que no hay pierde. Así lo hago, me fijo muy bien. Salgo y un mar de gente. El cajero no funciona. Regreso, con mucha atención pero de pronto me doy cuenta que estoy perdido. Doy varias vueltas. Pregunto por el German Bakery pero todo mundo me da direcciones distintas hasta que me encuentro con un par de franceses y me dice que están igual, que es muy complicado saber en donde se encuentra uno en este laberinto de calles. Además el German Bakery no es una buena referencia porque ya hay muchas imitaciones. Lo que me recomiendan es ir a la rivera del Ganges y luego subir. Buena decisión.
Ya ubicado, como una ensalada ligera. Mi clase es a las 16:00.

16:00 Ahora entiendo por qué mi clase es tan cara: soy el único alumno. Mi maestro es Sunil Kumar. Estoy feliz. Comenzamos con un ejercicio de pranayama. Luego vienen algunos saludos a la luna: Chandra Namaskar. Había leído sobre esta secuencia pero nunca la había practicado. Después vamos por varias posturas. Corrige mi alineación y mi respiración. Me da algunos tips para fortalecer y flexibilizar muñecas y tobillos. Es un maestro compasivo y amoroso. Su alineación es simple y precisa. Al finalizar me enseña ejercicios de pranayama. India es un gran país.
De vuelta en el hotel, tomaré un baño y cenaré. Hoy es Noche Buena y mañana Navidad.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El kirtan, la práctica más agradable para silenciar la mente