Día 3 Continuación

Haridwar

Simplemente me declaro rebasado. No hay palabras que puedan describir lo que he vivido hoy. Con la compañía de Brenda (nombre occidental) y su hija, dos mujeres maravillosas de Bombay, hicimos un recorrido a varios de los cientos de templos y āshrams que se encuentran en Haridwar. Ahora entiendo porqué es considerada una de las ciudades más sagradas del hinduismo. Visitar estos lugares es adentrarse al corazón mismo de la India. Templos en las montañas (un teleférico te lleva), templos de espejos que al entrar el reflejo causa un efecto de imágenes de deidades repetidas al infinito, āshrams con jardines espectaculares, monjes que te ofrecen sus bendiciones y que tu agradeces con Dakshina (donativo), hasta el āarati en el río Ganges, son las experiencias que me llevo hoy.
Visitamos templos dedicados a la Devi, a Hanuman, a Parvati, a Lakshmi pero lo más impresionante fue el ofrecimiento de luces o āarati al río Ganges. Ganga āarati, Ganga mother, el río sagrado de la India. Para llegar, realizas una caminata por sus orillas, en un malecón. Hay puestos que ofrecen comida y te Chai, así como rudrakshas malas (rosarios de semillas), botellas para llevarte parte del Ganga mother a tu casa y ofrendas florales que podrás dejar en la corriente del río. La temperatura baja mucho por la tarde pero me sorprende ver a un santo, con solo un taparrabos, cubierto de cenizas. Representa a Shiva: cabello largo, el tridente y el tambor. Su rostro es meditativo. Seguimos adelante. Ya me acostumbre a andar descalzo. A los templos no puedes pasar con zapatos y en muchos lugares el piso está húmedo así que los calcetines no son de mucha utilidad. Me sorprende como las mujeres vestidas solo con un sari y un chal, parecen no sentir las inclemencias del clima. Llegamos a nuestro lugar en el río. Brenda y su hija hacen un ofrecimiento. Yo, por mi cuenta, hago lo mismo. Me acompaña un sacerdote. Pido bendiciones y salud para familia, pareja, amigos y todos. Tomamos un asiento. Recomiendan guardar tu dinero en tus bolsillos de enfrente. De pronto, nuevamente las aglomeraciones. Un mundo de gente se reúne a las orillas del Ganga para el āarati. Suenan campanas, gongs y las conchas de caracol. Los sacerdotes encienden las ofrendas para ondearlas frente al Ganges. En el altavoz comienza el ofrecimiento. Me siento enormemente afortunado. Al terminar, la gente se levanta y se dirige a pasar las manos por encima del fuego sagrado del āarati. Los sacerdotes ofrecen un poco de prāsad, es decir, arroz inflado y una especie de leche muy dulce. Es comida bendita. Lo recibes con tu mano derecha. La leche tiene un sabor indescriptible. De regreso al rickshaw que nos lleva de vuelta al āshram de Shanti Mandir, se te acercan hombres y mujeres a pedirte limosnas. Muchos de ellos están mutilados y con polio. En mi camino reflexiono que la India te puede llevar a contactar con la divinidad pero también te aterriza inmediatamente. Es transcender los pares de opuestos. De regreso al āshram, cenamos y luego cantamos el āarati a Nityanand y el Shiva Mahima Strotam. Mi meditación es profunda. Hay calma y paz. Voy a dormir. Mañana debo despertar a las 5:45, bañarme y participar en las actividades del āshram a las 6:00. Después del desayuno, voy a bañarme en el Ganges y en seguida parto rumbo a Rishikesh, conocida como la capital del yoga.

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