Las formas en las posturas de yoga

Es fácil dejarnos llevar por las formas. Y no se trata de negar la belleza en la ejecución de Guerrero I o postura del árbol. El punto es que la mayoría de las veces dependemos en demasía de nuestro sentido de la vista. Somos muy visuales. Toda nuestra percepción la sustentamos sólo en aquello que podemos ver. ¿Dónde quedan nuestro sentido del tacto, del olfato, del gusto?

T.K.V. Desikachar afirma en su libro El corazón del yoga que tu práctica inicia en el lugar dónde te encuentras ahora. Es decir, cómo entras a una postura hoy no será igual a la manera en que lo hiciste ayer. Por eso B.K.S. Iyengar recordaba a sus alumnos que él siempre era un principiante en yoga porque en cada sesión se parte de cómo te encuentras en ese preciso momento. Tu práctica de yoga de hoy no es igual a la de ayer. Existen muchos factores que influyen en tu desempeño en el tapete. ¿Qué comiste por la tarde? ¿Qué tanto estrés generaste? ¿Qué le diste a tu mente antes de llegar al shala?

Por estas razones, antes de iniciar tu sesión de ásanas en yoga, independientemente del estilo que practiques, date unos minutos para ubicar en dónde te encuentras en ese preciso momento. Primero toma una postura en el piso que sea cómoda y estable. Puede ser sukhasana (la postura de la felicidad). En esta ásana, cruzas las piernas y permaneces con la espalda recta. Trata de que tu cruce sea lo más simétrico posible. Ahora coloca tus manos sobre tus rodillas y cierra los ojos. Si la postura es incómoda, puedes colocar un almohadón, un bloque o una cobija doblada para levantar la altura de tu asiento y que te encuentres más cómodo.
    Con los ojos cerrados, comienza a contactar con tu respiración. Percibe como el oxígeno entra y sale por tu nariz. Enseguida, sé consciente de tu contacto con el piso. ¿Qué partes de tu cuerpo están en contacto con la tierra? ¿Cómo es tu asiento? ¿Puedes sentir la firmeza de tu apoyo? ¿Cómo es tu sensación al tener un arraigo firme y estable con el piso? Está al pendiente de las sensaciones de frío o calor, suavidad o aspereza. Esto es desarrollar una percepción más global, con todos los sentidos. Ahora dirige tu atención hacia la coronilla de tu cabeza. Crea espacios entre cada vértebra de tu columna. Sin abrir los ojos ni mover la cabeza, percibe qué hay arriba de ti. ¿Cómo es el espacio entre tu coronilla y el techo? Sé consciente también de lo hay en tu costado izquierdo y luego en el derecho. ¿Qué hay detrás de ti? Todo esto sin mover tu cuerpo ni abrir los ojos. Genera una visión periférica. Desarrolla una percepción aguda del espacio en el que te encuentras, de los sonidos. Aprende a utilizar todos tus sentidos. Toma el tiempo que tu cuerpo necesite para ubicarse en el aquí y el ahora.


Luego de saber en dónde te encuentras físicamente, ha llegado el momento de conocer cómo estás. Observa tu estado interno. ¿Cómo te sientes? ¿Estás enojado, angustiado, eufórico, melancólico, contento, con energía, apático, con pereza? No critiques o enaltezcas ese estado. El yoga nos permite observar sin juzgarnos. Contempla el estado en el que te encuentras emocionalmente desde la postura del testigo, del simple espectador. Al final de cuentas, tú no eres ese estado. Recuerda que todo lo que existe se crea, se mantiene y se disuelve.
    Ahora que sabes en dónde y cómo te encuentras en este estado contemplativo, genera una intención.
    Iniciar nuestra práctica de yoga con este simple ejercicio de contemplación, te permitirá desarrollar una atención consciente. Es el momento para escuchar a tu cuerpo. Además, el punto de partida para tu sesión es la calma y no la agitación que puedas traer de la oficina, el tráfico o la ciudad. Siempre date estos momentos. ¡Qué tu encuentro con el yoga siempre sea dichoso, seguro y pleno!

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