El Ashtanga Vinyasa Yoga, un estilo para todos, una práctica compasiva

5:10 de la mañana. El despertador suena. Hora de ir a la regadera (en un intento por acabar de despertar). Ya listo, con tapete de yoga y desayuno matinal (compuesto por fruta y una rebanada de pan) en mano, el destino próximo es la calle de Obrero Mundial 215-C, en la colonia del Valle de la Ciudad de México. A esas horas de la madrugada, una urbe de estas magnitudes, comienza a despertar. Nada de tráfico vehicular y, por supuesto, el sol aún no sale. Cinco minutos antes de la 6 de la mañana, ya está en la puerta, Bernardo Kushala Camerana, director y fundador de Purno Ham Yoga & Sanación. La tienda minorista de la esquina, que abre las 24 horas, es la única señal de actividad. Sin embargo, comienzan a aparecer siluetas familiares. Todos traen su tapete de yoga, bufandas y chamarras para protegerse del frío de la mañana. Pronto ya no será necesario porque iniciarán la práctica de Ashtanga Vinyasa Yoga. Se trata de los peregrinos como les llaman afectivamente otros estudiantes y maestros que acuden a Purno Ham. Son la generación de practicantes que, año con año, cursan el Peregrinaje al Ser, un entrenamiento para formar profesores en Ashtanga Vinyasa Yoga de 200 horas que Bernardo y un equipo de profesionales maestros ofrecen anualmente.
Las expectativas que se generan son muchas: ¿Qué nivel necesito de práctica? ¿Qué voy a aprender? ¿Estoy listo para dar clases? ¿Podré acomodar mis horarios? Sin embargo, una de las grandes enseñanzas que te deja este semi retiro urbano es, precisamente, romper con esquemas preconcebidos: “No hay nada más revelador que trabajar con uno mismo de manera sistemática, enfocada, con alto ejercicio intelectual, gentil y amoroso. Las puertas del infinito se nos abren de par en par al participar”, explica Kushala.
En una atmósfera cuidada y propicia, los beneficios comienzan a recibirse: “Estudiar y esforzarse con un grupo de personas que desean aprender y practicar es un néctar. El ambiente destella y brilla en cada reunión”, señala Bernardo. Y así fue mi caso.
El yoga ha estado en mi vida desde 1994. Comencé con la meditación y el yoga de la devoción. Después, comencé a practicar hatha y finalmente conocí el estilo vinyasa. Aunque había cierta constancia en mi dedicación, las irregularidades se tradujeron en hábitos que eventualmente me llevarían a algunas lesiones (no puedes practicar un día sí y cuatro no). Comprendí que era necesario comprometerme conmigo mismo para poder disfrutar de los beneficios del yoga de manera segura y poder compartirlos con otros por lo que, en octubre de 2009, decidí tomar este entrenamiento formal reconocido y avalado por la Federación Internacional de Yoga (IYF).
Las clases están estructuradas de tal manera que te levantas temprano en la mañana para las sesiones de práctica y en la tarde regresas a las clases teóricas. También debes dedicar los sábados y un par de fines de semana completos. El asunto se pone interesante cuando tienes que seguir con tus actividades cotidianas: ir a la oficina, atender tu casa, a tus hijos, la escuela, etc. Como bien dice Kushala: “Estos periodos se han expresado en la antigüedad como retiros y este entrenamiento no es una excepción. Sin embargo, tiene un matiz diferente ya que sucede con los horarios y ritmos que tiene una gran ciudad; lo que nos permite ver florecer los frutos de nuestro esfuerzo en nuestro propio enaltecimiento, evolución y desarrollo de dones”.
Al estar inmerso en la práctica, experimentas directamente los beneficios del yoga. La disciplina amorosa y gentil que te impones durante este mes, te permite apreciar cómo, al cultivar una mente en calma, se amplía tu visión del mundo. Se trata de darte la oportunidad de reconciliarte contigo y profundizar en el Ashtanga Vinyasa Yoga como un estilo para todos, desde una práctica compasiva. La meditación, la comprensión anatómica del cuerpo así como una revisión sobre las corrientes de pensamiento que sustentan la filosofía del yoga te brindan las herramientas para impartir una clase digna y segura, que enaltezca la naturaleza del practicante.
Para mí, fue una experiencia reveladora. Me di permiso para vivir con compromiso y disciplina. Fue un mes dedicado a mi desarrollo y contemplé como es posible cultivar una salud integral: mente, cuerpo y alma. Fui testigo presencial de cómo el yoga empata perfectamente con el mundo en el que vives.
Kushala es un maestro como pocos. Su técnica en la enseñanza y práctica del Ashtanga Vinyasa Yoga es sólo equiparable a su dedicación y entendimiento de la espiritualidad como la vía para el crecimiento integral del ser humano. Una de las grandes lecciones que me llevo es que en el fondo, todos deseamos que la mejor versión de cada uno de nosotros emerja. Y la única manera de lograrlo es vivirlo, experimentarlo. Qué no te digan, que no te cuenten. Ve y yoguea. Este entrenamiento es la oportunidad para hacerlo.
Si quieres conocer más de este entrenamiento, puedes consultar www.purnoham.com para el entrenamiento que se ofrecerá en la Ciudad de México y www.prem-yoga.com en Querétaro.

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